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martes, 11 de septiembre de 2012

A LA CAZA DEL EMIGRANTE


   Tras la explosión inmobiliaria, quedan rescoldos en los espacios ocupados, hoy son o quieren que sean apenas cenizas. Fueron bien venidos, acogidos con los brazos abiertos, a su disposición un mundo nuevo, traían consigo, un curriculum en muchos de los casos, de pobreza, de hambre, de huida, su plena disposición al trabajo sin condiciones, esas que nos costó conquistar más de cuarenta años, les otorgaba un potencial a ser el “empleado del año”, que a los empresarios “solidarios” (no me atrevería, quiero dejarlo claro, a meter todos los empresarios en el mismo saco) no les pasó inadvertido, fueron estos mismos empresarios, al amparo de políticos corruptos al servicio, como no, del gran capital, los que demandaron y lograron más "flexibilidad" en las leyes de extranjería y más "derechos" para esta masa laboral tan suculenta, pero ¡ojo! la flexibilidad debía siempre ir encaminada a construir el engaño de la tierra prometida, y los derechos, solo aquellos que facilitaran los salarios precarios y la ausencia de contratos, todas medidas dirigidas a librar al empresario de sus obligaciones para con cualquier trabajador fuese o no emigrante.

No se hicieron las cosas bien, porque realmente no fueron motivadas por una conciencia solidaria

Se nos mostró al emigrante como seres emprendedores que buscaban nuevas oportunidades, pero la realidad es otra muy distinta, la gran mayoría de la inmigración irregular, eran y son personas que huyen de la miseria, seres humanos en inferioridad de condiciones ante  un sistema que solo calcula sus ganancias frente a sus tragedias, el resultado, un colectivo desprotegido, seguramente abocado a la marginación y siempre dependiente de la benevolencia de un estado, que ahora, demuestra no serlo tanto; rabia, indignación, ciudadanos que ven en el emigrante al enemigo y que sin duda se equivocan, el enemigo, lo tenemos en casa y hoy diabólicamente se suma a esta rabia, a esta indignación que no nace del color, de la raza o la nacionalidad, cubriendo estos sentimientos encontrados, propios de una situación desesperada e injusta, de auténtica xenofobia y lo hace desde del gobierno del PP inaugurando nuevas y duras medidas contra la inmigración ilegal, esa que hasta hoy les era válida. Con la retirada, por ejemplo, de la tarjeta sanitaria a todo aquel que no tenga un contrato o pueda demostrar su residencia legal, el emigrante se queda huérfano, desarmado, frente a un empresario que no dudara en ponerlo de patitas en la calle, antes que regularizar su situación, ya no le resulta rentable, si además se criminaliza, hoy si toca, el hecho de mantenerlo sin regularizar, le facilitan moralmente, a modo del mismísimo Pilatos, ese gesto sin duda despiadado. 

Se  abierto la veda y el emigrante es el objeto de caza.

La crisis demanda plasmar en el papel y hacer ley, bajo la reforma de la ley laboral o decretos sin consenso, lo que ha venido siendo una realidad desde hace más de diez años en ellos, los emigrantes y el Cesar nos advierte no sin cierta sorna, que todos somos "iguales" y nos arrastra a sufrir esa "igualdad".

A.M.G (2012)

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