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lunes, 20 de septiembre de 2010

Los malos humos


   Bien, mi comentario de hoy va dirigido a los sufridos abstemios, a los que no beben, ni fuman, limpios y puros, pero, ¿donde os metéis? Cuando la ley del alcohol en Estados Unidos, los garitos prohibidos estaban llenos, y en los bares legales se vendía alcohol de extranjis, ¿a quién, si se supone que siempre habéis sido la mayoría? Ahora con la ley antitabaco, los locales públicos se saltan la ley para no quedarse sin clientes, ¿Qué pasa, que no salís, también os abstenéis de divertiros?
Estas palabras son un recurso fácil, lo sé, puede que incluso hasta ofensivas, aunque no por ello alejadas de la realidad. Lo que no resulta nada fácil, es entender y sobre todo, respetar esta cultura de lo prohibido, que nos invade día a día, nutriéndose de políticas restrictivas y posturas intolerantes, disfrazadas de salud pública.

Nuestras libertades están siendo recortadas, poco a poco pero sin pausa, y el despotismo de siglos pasados, parece resurgir de sus cenizas, con fuerzas renovadas. Desde los poderes públicos, se ha abandonado el discurso de la sugerencia y la información, para alojarse con firmeza, utilizando los enfrentamientos sociales, en la orden y el mandato legal. El ciudadano de hoy ya no es mayor de edad, y el estado vela por sus intereses cercando su campo de acción.
Zanjar esta polémica, de tabaco si, tabaco no, sería tan sencillo como permitirnos aplicar las mínimas reglas de urbanidad en las que ya estamos bien asentados. No fumar en lugares de libre acceso para cualquiera como un autobús, la cola del paro… es algo que no nos costó ningún trabajo aceptar, que no acatar, es entendible, y respetable, es, cívico.
Pero ¿por que prohibírseme fumar en un lugar donde el dueño del mismo si me lo permite y así lo advierte a los demás? Entrar o no en ese lugar es una decisión individual, evitar que ese lugar exista es una imposición y una muestra ostentosa de intolerancia. No hay que olvidar que el tabaco es un producto a la venta, del que el mismo estado obtiene pingües beneficios.

El cesar nos quiere controlados y adiestrados y parece estar lográndolo, con pequeñas batallas como esta; en forma de cigarrillo, se nos dice: puedo decirte no solo lo que no debes hacer, sino lo que no puedes hacer, y conseguir que no lo hagas, con el beneplácito de los demás. Pero, los demás, que en algún momento siempre somos todos, contamos para muy poco, ¿Un espacio sin humos? ¿Qué hacemos entonces, con el humo de los coches, la contaminación de los ríos, el vertido continuado de residuos tóxicos a nuestros mares y un largo etcétera de situaciones gravísimas de las que siendo todos artífices, no somos beneficiarios? si lo son en cambio, los poderes económicos, que ven aumentados año tras año sus dividendos a costa de... ¿Estos errores de cálculo?

Claro que queremos un ambiente mucho más saludable, y que nuestro hijos respiren un aire sano y limpio. Claro que no queremos dañar a los demás, sean o no estos mayoría, pero cuando el poder se disfraza de nosotros, debemos revelarnos aunque ello vaya en contra nuestra.

A.M.G
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1 comentario :

  1. Con lo que nos costo la democracia, y ahora el nuevo rito del estado es dividirnos en blancos y negros (sanos o insanos).¿Sres. para que están las normas cívicas?, menos prohibir y mas infundir estas normas, de hecho por que no deja el estado de fabricar el tabaco.
    de paso podrá dejar de fabricar los billetes del bus pues estos también contaminan (el bus etc....).
    que parodia el propio estado que fabrica dicho veneno y que yo consumo se atreve a decir que soy insano, molesto...
    pues he de decir que yo personalmente prefiero que dejen de fabricarlo, y así dejare de fumar, pero mientras lo fabriquen yo seguiré fumando pero con civismo.

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